8.1.12

Vacaciones Reparadoras ¿Cuánto es el Tiempo Ideal?

Tomar unos días de vacaciones reparadoras es una gran oportunidad de salir de la rutina, escapar de los espacios a los que nos hemos confinado durante el año y liberarnos de los compromisos y plazos que nos mantienen atados al reloj y al celular. Sin embargo, no todas las vacaciones pueden ser igualmente reparadoras, y esto no tiene que ver con los recursos económicos con que contemos, ni con el lugar dónde decidamos ir, sino con el modo cómo decidimos vivir este merecido descanso.



Lo primero que se debe tener en cuenta para tener unas excelentes vacaciones es dejar todo listo y dispuesto en el trabajo o en el lugar de estudio, de manera que podamos desconectarnos del celular, confiando en que no hay temas pendientes y que todo aquello que pudiese preocuparnos, fue debidamente delegado a personas de confianza. Fundamental es explicitar que no queremos ser molestados a menos que se trate de un asunto verdaderamente importante que no pueda ser resuelto por otra persona.

Y, cuando ya estamos listos para vacacionar, debemos disponernos física y mentalmente para disfrutar y, para lograrlo, resulta fundamental la flexibilidad.



¿Por qué es tan importante la flexibilidad?
No sacamos nada con planificar un viaje, un par de semanas en la playa, como en el campo en nuestra misma ciudad, si vamos a enojarnos porque los niños no se despertaron a tiempo para partir, porque se nos pasó la hora en que debíamos almorzar o porque un día no pudimos ir a la playa debido al mal tiempo.

Es necesario estar con una disposición de ánimo diferente a la cotidiana. Sentirnos libres de todas las presiones del reloj, plantearnos un ritmo alternativo, guiado por lo que vayamos queriendo en el momento y que pueda ser modificado de acuerdo a las contingencias. Disfrutar de las sorpresas que vayan surgiendo momento a momento, cambiando los planes y probando panoramas alternativos cuando sea necesario o, simplemente, cuando tengamos ganas.

Claro está que no podemos obligarnos a disfrutar, pero si dejamos espacio a la sorpresa y a la novedad, si intentamos centrarnos en percibir plenamente y con todos nuestros sentidos cada momento agradable, sin lugar a dudas, nuestra capacidad de gozar de las cosas simples aumentará.

Es por eso que se recomienda no hacer una planificación exhaustiva de todo lo que haremos en las vacaciones. Debemos aprovechar de vivir de manera diferente a cómo lo hacemos a lo largo del año. Es así como comer cosas distintas, conocer personas nuevas y realizar actividades novedosas pueden hacer que nos desconectemos absolutamente del trabajo.



Hacer cosas excepcionales a la rutina habitual es una de las claves para que las vacaciones dejen un saldo positivo. "Debería ser un tiempo de goce y de descubrimiento, una situación ideal para realizar una experiencia distinta, vinculada más con ese otro que albergamos dentro de nosotros mismos, pero que no dejamos salir en la cotidianeidad”.

Las personas que se imponen retos durante las vacaciones, relacionados con la destreza o conocimiento, ya sea escalar una montaña, aprender un idioma, o tirarse en parapente, son motivadores para reducir el estrés y agotamiento relacionado con el trabajo, estudio o las obligaciones diarias y pronto dejan de preocuparse por ello y se sienten menos exhaustos cuando regresan a la oficina.

Aprender a disfrutar el ocio es tremendamente importante. El ocio es el tiempo destinado a actividades recreativas, no obligatorias. Leer un buen libro, jugar a la pelota, salir a trotar, hacer castillos de arena, bañarse en el mar, hacer una caminata por un lugar bonito, andar a caballo, dormir a destajo, descansar en la playa, disfrutar del aire y muchas más, son cosas simples de las cuales uno puede disfrutar durante las vacaciones, sin sentir que se está desaprovechando el tiempo.



¿Cuánto deben durar las vacaciones para tener un efecto positivo en la salud?  
Se sufrirían menos enfermedades si tomáramos nuestras vacaciones en lapsos cortos y frecuentes: al menos dos o tres períodos de entre siete y diez días por año. Despilfarrar las vacaciones de un solo saque, como suele suceder en la temporada de verano, no es la mejor opción para cortar con la rutina, oxigenarse y recargar energías.

Lo ideal, según expertos, es repartir los días de descanso en, por lo menos, dos o tres períodos de entre siete y diez días cada uno, durante todo el año. Las escapadas de fin de semana también son bienvenidas. Pero una sola pausa al año, insisten los especialistas, no es suficiente.

Lo que garantiza que uno se distienda y renueve el ánimo para retomar el trabajo o el estudio es la redistribución de los tiempos de receso en forma estacional, como lo plantean los franceses en el nivel escolar, por ejemplo.



Las escapadas cortas son efectivas mientras no impliquen una gran movilización, y si no hay chance para salir de viaje no importa, es una buena oportunidad para interactuar más con la familia, compartir más tiempos juntos y aprovechar el tiempo libre para charlar y preocuparse por lo que le pasa al otro.

Si las vacaciones son cortas, siéntase libre de disfrutarlas de principio a fin pues, en definitiva, a todos nos cuesta volver a la rutina y eso no puede transformarse en un impedimento para no disfrutar de un merecido descanso.

Hacer cosas excepcionales a la rutina habitual es una de las claves para que las vacaciones dejen un saldo positivo. Debería ser un tiempo de goce y de descubrimiento, una situación ideal para realizar una experiencia distinta, vinculada más con ese otro que albergamos dentro de nosotros mismos, pero que no dejamos salir en la cotidianeidad.





Una regla que no falla para todo tipo de vacaciones, es la llamada "The peak end rule", donde las experiencias del pasado son juzgadas casi en su totalidad según cómo fueron en su momento cumbre (peak )  y en cómo terminaron (end ). La información restante no se pierde en la memoria, pero tampoco es valiosa para el juicio final. Por eso, la clave de las vacaciones, está en vivir una experiencia intensa y distinta sobre el final del período de descanso, sea éste de tres, siete o quince días.

Se pueden extender los efectos de las vacaciones, si se continúa haciendo algo de lo que se realizaba durante los días de descanso: comer lo mismo en el desayuno, nadar por la mañana o continuar con la lectura del mismo libro iniciado en el viaje.

De esta forma, los recuerdos agradables de las vacaciones perduran por más tiempo y los efectos positivos del descanso se prolongan más allá de las dos o tres semanas luego del regreso, momento en el cual, según coinciden los expertos, la magia de las vacaciones comienza a desaparecer.



Igual, es  positivo favorecer de a poco el retorno a la rutina intentando, por ejemplo, retomar cosas puntuales de trabajo o estudio, pero sin ejercer presiones sobre uno mismo. Esto puede contribuir a atenuar las sensaciones que produce el regreso al trabajo para evitar los problemas de adaptación que pueden darse por una desconexión excesiva.

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